lunes, 28 de septiembre de 2009

MI PRÓXIMO VIAJE (2009)



Queridos lectores:

Dentro de unos días salgo de viaje hacia África y volveré a principios de diciembre, por lo que el blog estará sin actualizar durante 66 días.

El viaje nos llevará por Kenia, Uganda, República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi, Tanzania y si nos quedan días… acabaremos en Zanzíbar.

Tenemos previsto visitar lugares que quedan fuera de las rutas turísticas, y en cierta medida algo complicados: serán los momentos importantes del viaje que explicaré a la vuelta y que seguro darán valor al viaje.

Asimismo, nos entrevistaremos con personas que colaboran en el Congo con los refugiados: una de ellas es el padre Donato, misionero javeriano congolés, al que vimos en un reportaje de TVE y nos atrajo su labor en pos de las mujeres y niñas que fueron violadas durante la guerra.

¡Hasta la vuelta!

jueves, 17 de septiembre de 2009

ARGELIA (IV): Ghardaia, Beni Isguen, Melika (Valle del M’Zab)


Anterior: ARGELIA (III): Tamanrasset, In Salah, Adrar, Timimoun

Día 22 (continuación).- Hay viajes en autobús que cansan unos más que otros y éste ha sido de los fastidiosos por la duración del recorrido y casi sin paradas.

De Timimoun a Ghardaia, hay unos 600 Km., y 10 horas de trayecto. Un bonito paisaje nos acompaña durante el camino: llanuras de pizarra brillando bajo el sol, y pequeños pueblitos en el centro de minúsculos oasis.

Inesperadamente la carretera discurre por una meseta rocosa y luego desciende rápidamente hacia la falla. Al tomar una curva descubrimos una espléndida vista: un inmenso palmeral acoge a tres ciudades de la pentápolis del Valle del M’Zab: Beni Isguen en primer plano, Melika ligeramente a la derecha y Ghardaia al fondo; y, más allá, enormes dunas de finísima arena rojiza. No hay lugar más bello en miles de kilómetros a la redonda. Es como alcanzar el paraíso.

Llegamos a la estación de autobuses y advertimos que somos los únicos extranjeros que hay. Un taxi nos lleva hasta el caravanserai que tiene el dueño de la agencia con la que hicimos el circuito del Tassili. El coche cruza toda la ciudad y sigue un camino de tierra paralelo al palmar. El taxista ha de preguntar un par de veces, pues no sabe exactamente dónde es. Y al fin llegamos a un lugar muy bonito, diseñado como si fuera una pequeña ciudad, dentro del recinto del caravanserai, pero a unos 6 Km. de Ghardaia y en medio de la nada. Como nos esperaban –ya que habíamos hablado desde Tamanrasset- nos quedaremos esta noche y, mañana, buscaremos otro alojamiento en la ciudad.

Día 23.- Después de un pobre desayuno, consistente en un trozo de pan y queso y después de pagar una cantidad exagerada por la noche pasada, cogemos el equipaje y, andando, nos dirigimos a la ciudad.

El trayecto ha sido agradable: hemos ido pasando por pequeños villorrios y los niños salían a nuestro encuentro para saludarnos y acompañarnos un trecho y, durante un buen tramo, hemos bordeado el frondoso oasis, con el sonido del río no muy lejano.




Justo en la calle principal y a la entrada de la ciudad hay dos hoteles. Uno está lleno y, en el otro, Hotel Rym, donde me hospedé en 1997, hemos encontrado alojamiento. Es muy sencillo y recién restaurado y pintado. Dejamos el equipaje y salimos a recorrer la ciudad.

Ghardaia debe su nombre a la palabra bereber tagherdayt, que es un diminutivo de igherd, literalmente “oasis”. Así pues, es un oasis situado en el centro de Argelia, al noreste del Gran Erg Occidental, y capital y el más impresionante de los cinco ksours (pueblos fortificados) que componen el Valle del M’Zab, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1982 (Bou Noura, Beni-Isguen, Melika, Ghardaïa y El Ateuf).


Los cinco ksours, rodeados de murallas, se reparten una población que se hubiese podido reunir en una sola ciudad de mayor tamaño. En cada uno de ellos, la disposición de las casas se organiza en círculos concéntricos desde la mezquita hasta la muralla mostrando un armonioso paisaje que combina el blanco y el ocre con el azul en la construcción de sus edificios.


El M'Zab es conocido por su ancestral sistema de canales, pozos, acequias y presas, concebido para aprovechar el agua de tal modo que se pueda cultivar todo tipo de frutas, verduras y flores, desde dátiles hasta naranjas, pasando por granadas y rosales.


En una tienda vemos postales con las imágenes de la gran inundación que hubo a principios de octubre del 2008, provocando decenas de muertos, heridos y centenares de casas destruidas.

Confluyen en este valle angosto diversos wadis (ríos) con recorridos de varios centenares de kilómetros. Normalmente el cauce de estos ríos está seco, por la escasa pluviometría de la región (60 litros anuales). Sin embargo, en casos muy excepcionales, como el año pasado, estas cotas anuales se produjeron en espacio de una sola hora.

El wadi Mzab, que recoge el agua de cuatro grandes ríos, así como de centenares de pequeños afluentes a largo de su recorrido, fue el causante de esa inundación a su paso por el centro del palmeral habitado, y la ciudad misma.



Los mozabitas, rama heterodoxa del Islam de origen bereber, constituyen el 60% de la población. Profesan el ibadismo, una corriente ascética y rigorista del Islam diferente de la malaquita suní, dominante en Argelia, manteniendo costumbres ancestrales: las mujeres casadas salen cubiertas de arriba abajo con un blanco haïc o ahouli, que sólo deja mostrar un ojo. Para la vida social y política, las mujeres son invisibles, pero también para los libros y guías turísticas, donde no se las menciona.


Conocidos por su dedicación al comercio y a la disciplina personal, los mozabitas preservan a toda costa su intimidad y su forma de vida.

Una asamblea de notables, representantes de las tribus (archs), regula la vida comunitaria, desde el sistema de irrigación hasta las bodas, pasando por el mercado, y también se ocupa de mantener el difícil equilibrio entre la ortodoxia religiosa y la amenaza de la modernidad.

Desde la calle principal, bordeada de arcadas, accedemos a una callejuela que nos lleva directamente hasta la Place du Marché, pero ya han recogido la mayoría de los puestos. Así que decidimos recorrer parte de la ciudad vieja.








Día 24.- Temprano, caminamos los dos kilómetros que nos separan de Beni Isguen, la ciudad más piadosa del M’Zab.

El recorrido hemos de hacerlo con guía, nuestra vestimenta ha de ser correcta, no fumar y no fotografiar a las personas, especialmente a las mujeres, tal como reza en un cartel a la entrada de la ciudadela.

Empezamos la ruta y nuestro guía nos hace observar que las casas disponen de dos puertas: una para invitados y otra para los miembros de la familia. Las ventanas que dan a las estrechas calles son pequeñas aberturas que permiten ver sin ser visto y la puerta de entrada de un lado de la calle, no está frente a la puerta de la acera contraria para así preservar más la intimidad de quien entra y sale.




Un determinado número de casas tiene su propio pozo y para saber si el agua es potable justo a su lado hay plantada una palmera.


Como la ciudadela está levantada sobre una pequeña colina, para acceder a la parte alta hemos ido subiendo por amplios escalones. Al llegar arriba se nos ofrece una espléndida visión de Ghardaia, a nuestros pies y, enfrente, la ciudadela de Melika.






Me intereso por el rito ibadita, que desconozco, y se lo pregunto al guía. Me explica que se diferencia de otras variantes islámicas por la forma de rezar, ya que no es necesario el movimiento de brazos; y la extrema pulcritud, en la que es obligatorio el uso de papel higiénico –al ir al WC- antes de utilizar el agua. En la comunidad ibadita la tradición de emigrar hacia Europa y América garantiza la expansión cultural. Allí donde la comunidad es numerosa se crea una sede social con una mezquita ibadita, y habitaciones donde acoger a gente que está de paso o empieza a buscarse la vida, y así sentirse más cercanos unos a otros. Las hay en Marsella, París, Lyon... y Canadá.

Descendemos por otro recorrido hasta llegar a la Place du Marché, de forma triangular, donde su actividad es por la tarde, y con un pozo en el centro.


Llegamos hasta una de las puertas de la ciudad, que se cierran de noche y ya nadie puede franquear sus muros, y nos despedimos del guía. Mi compañero le da la mano y las gracias, y voy a hacer lo propio, pero él no me da su mano. De repente comprendo el porqué: es mozabita, está casado y yo soy una mujer.

Beni Isguen parece que no ha querido desanclarse de su pasado inamovible, con las mujeres sometidas a una sumisión absoluta y los hombres fuertemente enraizados en sus creencias.

Cruzando un largo puente sobre el lecho del río accedemos a Melika, la más cercana de las cuatro ciudades que rodean a Ghardaia. Se eleva sobre un promontorio rocoso en la orilla izquierda del wadi M'Zab. Su nombre quiere decir la Reina, ya que en otros tiempos fue la ciudad santa de la pentápolis del M’Zab.


Alcanzamos el cementerio, que se nos muestra de una sobriedad extrema: con formas muy curiosas, típicamente mozabitas. Sabemos que aquí, el sistema de enterramientos es por clanes, pero nuestro ojo ajeno a estas costumbres no logra definir los grupos familiares.

Decidimos abandonar esta pequeña ciudad rápidamente. Nos sentimos observados por mayores y pequeños. Nadie dice una palabra a nuestro paso y estamos incómodos. En nuestro descenso por el lado opuesto al que hemos subido podemos disfrutar de una bonita vista: Ghardaia, Beni Isguen y palmeras, muchas palmeras.




Día 25.- Esta mañana nuestros pasos se dirigen por fin a la Place du Marché, de forma rectangular, con tiendas de artesanía donde destacan gran variedad de alfombras y tapices, y algún tenderete de comida en el centro.






Aunque estoy desconcertada. El mercado que yo había conocido, doce años atrás, bullía de gente, frutas, verduras, ropa, carne, pescados, y éste está casi vacío.


Confusos nos dirigimos hacia una de las calles que desembocan en la plaza: aquí está todo lo que yo echaba de menos. Nos enteramos de que lo han tenido que sacar del centro de la plaza, ya que no había sitio para tantos comerciantes, la mayoría procedentes de Beni Isguen.




Nos impregnamos del trasiego de los vendedores y compradores, del olor y color de las especias. De la vida. Y del día a día que, a los ojos de un occidental, más que la belleza del valle, sobrecoge presenciar el desigual papel que aún juegan las mujeres, limitadas físicamente en su percepción de la realidad, en sus movimientos, y excluidas de cualquier participación fuera de la esfera del hogar.


Día 26.- El viaje ha llegado a su fin. Un viaje más que quedará grabado en nuestros corazones. Un viaje en el que nuestras retinas han ido absorbiendo infinidad de formas y colores de rocas y dunas. Un viaje que no nos ha dejado indiferentes.


NOTA: Las fotos de la vista aérea de Ghardaia y la de las inundaciones están tomadas de Internet. Si tuvieran derechos de autor y las he de retirar, sólo se me ha de comunicar y las sacaré inmediatamente. GRACIAS
.



jueves, 3 de septiembre de 2009

ARGELIA (III): Tamanrasset, In Salah, Adrar, Timimoun


Anterior: ARGELIA (II): Ruta por el Tassili du Hoggar, Tamanrasset

Día 12.- Mientras estamos desayunando en el Caravanserai, se acerca Alí y nos dice que está a nuestra disposición durante el tiempo que estemos en Tamanrasset.

Al primer momento nos quedamos sorprendidos, pues nuestra relación con él sólo era para el circuito, pero ya sabemos... así son los hombres del desierto.



Como el sol se ha levantado con mucha energía, le pedimos que nos acompañe hasta la ciudad para comprar los billetes de bus hacia Adrar, situada a 1200 Km. de distancia.

Saldremos a las nueve de la noche, así que hemos de comprar algo para comer durante el trayecto, pues sólo pararemos para lo justo.

Remoloneamos -a resguardo del calor- en el Caravanserai hasta las ocho en que vuelve Alí a recogernos para llevarnos a la parada de autobús.

En el momento de despedirnos del director del alojamiento, nos entrega un documento con nuestros nombres, número de pasaporte y varios sellos, en el que certifica que hemos estado alojados aquí y que hemos hecho con la Agencia M'Zab Tours un circuito. Nos explica que es por si hubiera posibles controles de policía, para que sepan que no hemos estado "desamparados" por el país.

Subimos al coche y, además de Alí, viene con nosotros el propio director del Caravanserai. Nos despedimos cordialmente, y se van mientras nos quedamos esperando la salida del autobús.

Entre subir pasajeros, paquetes (no lleva maletero), vendedoras ambulantes, sobra gente, falta gente..., salimos a las nueve pasadas.

El viaje es aburrido. No podemos disfrutar del paisaje, pues ya hace horas que ha anochecido y la carretera parece hecha con tiralíneas.

Día 13.- Estamos dormitando y el autobús se para. Los pasajeros empiezan a bajar. Son las tres de la madrugada. Creemos que estamos en algún lugar para descansar, pero nos damos cuenta que, delante nuestro, hay una larga hilera de coches, camiones y autobuses parados con el motor apagado. Pasan los minutos y no hay señales de movimiento. Entonces decido preguntar. Estamos a las puertas de una población y un control policial no deja pasar más allá -por seguridad- me dicen. Seguridad ¿de qué? Es zona por la que se mueven terroristas y pueden asaltar a los vehículos. Estaremos aquí hasta que amanezca.


A las cinco nos ponemos, nuevamente, en marcha en un tedioso trayecto sin ver ni una señal de vida.

Cruzamos una tormenta de arena. El cielo se torna de color amarillo-anaranjado, tapando el sol violentamente y llegamos a las 9:30 h. a In Salah, parando en un cruce de caminos frente a varias cafeterías. Las calles que tenemos a nuestro alrededor están invadidas por la arena del desierto; sigue soplando el vent de sable y parece una ciudad fantasma.

La ruta sigue por Reggane y otras pequeñas poblaciones hasta que, a las 15:45 h. llegamos a Adrar, capital de la wilaya del mismo nombre, situada en un oasis de la Régión du Gourara.

Estamos muy cansados y acalorados. Decidimos no seguir hasta Timimoun y descansar lo que nos queda de tarde.

La ciudad ha cambiado mucho y no sé orientarme, a pesar de que he estado cuatro veces, y pregunto a dos señoras, que vienen de frente, dónde está el hotel Timi. Me comentan que ha cambiado el nombre y que se llama Hotel Touat (hoteltouat2002@yahoo.fr) y en vez de indicarnos, nos acompañan hasta la misma puerta, siendo dirección contraria a la que ellas iban. Está situado en uno de los costados de la plaza principal.

Después de una refrescante ducha salimos a pasear por la ciudad. La Grand Place está muy cambiada: la han reurbanizado, poniendo palmeras, las calles están asfaltadas y han puesto una amplia acera. Los edificios, siguen pintados en color rojo y blanco, tal como es tradición en los pueblos y ciudades de la zona.


Día 14.- Después de desayunar vamos a la parada de autobuses y nos dicen que desde aquí no salen los buses hacia Timimoun y, entre uno y otro, nadie nos acaba de decir exactamente dónde es.

Caminamos hacia donde nos ha indicado más de una persona y encontramos a un policía regulando el tráfico. El lugar ha de ser por aquí, pero no se ve ningún bus y le pregunto al guardia. ¡Me dirige a la parada de dónde venimos!

Estamos confusos. Tan sólo nos separan 150 Km., es la segunda ciudad, después de Adrar, y nadie sabe de dónde salen los buses y nos recomiendan que vayamos en un taxi colectivo, pero no está en nuestros planes.

Llegamos a la parada de taxi y enfrente hay una gasolinera. Me dirijo a preguntarles si saben dónde están los dichosos buses y uno de los empleados, se ofrece a llevarnos en su coche.

Durante el trayecto nos pregunta de dónde somos, y se lo digo. Y responde: “Yo tengo una amiga en Barcelona que se llama Mercè y me parece que eres tú”. Lo miro perpleja, pues no recuerdo para nada su cara. Resulta que es pariente de mis amigos y lo conocí en uno de mis anteriores viajes, pero como ha cambiado mucho, cualquiera lo reconoce! Total: saludos afectuosos, cómo está la familia, los hijos..., etc.

Llegamos a una parada y allí le dicen que el bus ya ha salido y que vaya a otra. Por lo visto hay varias compañías que hacen el trayecto, por eso a cada uno que preguntábamos nos mandaban a un sitio diferente.

Por fin encontramos uno que saldrá en tres horas. Dejamos, en la oficina, el equipaje, él regresa a su trabajo y nosotros damos un largo paseo por la ciudad.

Llegamos a Timimoun a las cuatro de la tarde y buscamos un lugar para comer. Hace mucho calor. La avenida principal me tiene desconcertada con tantos comercios, cafeterías y pizzerías y mucha, muchísima gente.






Después de comer llamo a Ahmed y en 15 minutos está frente a nosotros con Larbi, uno de sus hermanos. Nos saludamos cordialmente -estamos en un lugar público y no podemos demostrar nuestros verdaderos sentimientos al vernos después de tantos años.

Subimos a su coche y damos un largo paseo por la ciudad y pasamos frente a la vieja casa familiar, donde pasé tantas y tantas horas felices; hasta que llegamos a la nueva casa.

Estoy muy emocionada; casi temblando. Hay mucha gente o es lo que me parece. Todos sonrientes. Pero voy directa a abrazarme con Ummi Zaouia; mamá Zaouia.


El abrazo es largo, profundo y, entre sollozos, nos vamos diciendo Ana bahibbak (Te quiero). No sé cuánto tiempo hemos estado abrazadas, pero al separarme veo que todo el mundo está en silencio, observando, casi sin saber qué nos ocurre. La tomo de la mano y la acerco a Eduardo. Hace unos años Zaouia, tuvo glaucoma en los dos ojos y quedó ciega.

Y, en una esquina, veo a mi hermana Khadidja, secándose las lágrimas y acudo hacia ella para abrazarla y con un hilo de voz me dice: “Ma soeur, j'ai raté beaucoup” (Hermana mía, te he extrañado mucho). Ella misma se separa de mí para que vaya a saludar a los demás y mientras beso y abrazo, voy presentando a Eduardo.

Estamos varias horas hablando con un té entre las manos, hasta que llega la hora de la cena y vamos a casa de Ahmed. Su bella esposa y yo nos abrazamos largamente y nos hace pasar a la sala principal.

Una espigada y sonriente jovencita se acerca a saludarnos. Es su hija mayor, que ya tiene 12 años y la conocí siendo una traviesa chiquilla. Unos grandes ojos negros se esconden tras la puerta. Es la mediana -de seis años-, vergonzosa al principio, su padre la llama y entra sonriente y también nos saluda. Y por entre las piernas de su madre, viene otra señorita, que hoy cumple un añito. Fatna y Ahmed tienen tres hijas como tres soles.

Día 15.- Después del desayuno, salimos a pasear por la ciudad.

Timimoun, asentada en el corazón del Sahara y a 1300 Km. de Argel, pertenece a la región de Gourara y a la provincia de Adrar.

Desde el mismo momento de la llegada, Timimoun no deja de sentirte indiferente. La ciudad está situada en un oasis, al sureste del Gran Erg Occidental, formado por un inmenso palmeral rodeando una extensa superficie salada, la sebkha (antiguo lago salado) y, a lo lejos, un mar de dunas lleva la vista hasta el infinito.


Forma parte de la trilogía de ciudades rojas con In Salah y Adrar, pero Timimoun es, sin duda, la más atrayente de las tres. Sus edificios, en color ocre-rojo y de estilo sudanés, están levantados sobre un lugar elevado.

Hay un gran bullicio de gente y vehículos. Hemos tenido una gran suerte: es la Fête du Mawlid Ennabaoui Echarif (o Mouloud en dialecto argelino). Es la Fiesta del nacimiento del Profeta, que pude disfrutar en mi primer viaje aquí, y Timimoun es el lugar -en toda la región- donde convergen muchas de las tribus del desierto que, durante siete días, recitan el Corán, danzan al son de música sufí, o charlan bajo las estrellas y sobre una duna, y en torno a una fogata, con un delicioso té entre las manos

La ciudad está cruzada por la larga Avenue de la Independence, la cual separa dos barrios bien definidos: el construido por los franceses, con sus calles perpendiculares y muy amplias y, dominando el palmeral, el Vieux Ksar (del que hablaré cuando vayamos a visitarlo).




Nos acercamos al antiguo Hotel L'Oasis Rouge, verdadera joya, cuyas paredes interiores están totalmente esculpidas con motivos beréberes y actualmente es sede de un centro cultural donde vemos una exposición de artesanía.


Justo enfrente, y en la Place de la Independence, hay un Marabú, mausoleo donde está enterrado un santo de la ciudad y se dice que si se da siete vueltas a su alrededor regresas a la ciudad.


Entramos al mercado donde podemos ver frutas, verduras y carne, cuyos puestos están regentados sólo por hombres.


El paseo nos lleva hasta la preciosa Porte du Sudan, levantada en el año 1900, que es la que daba entrada al principal barrio de la ciudad, en tiempo de los franceses.


Regresamos pronto a casa, ya que esta tarde iremos a ver la Fête du Mawlid que, después de siete días de celebraciones, está llegando a su fin.

A las afueras, en un gran descampado, se ha concentrado un nutrido número de personas, principalmente hombres, jóvenes, y alguna mujer con sus hijos. Del fondo aparece, corriendo y gritando el nombre de “Allah”, un grupo de hombres vestidos con gandoura y cheche de un blanco impoluto, armados con escopetas que, a una señal, disparan al aire o al suelo, una bocanada de pólvora. Otros, llevan los vistosos estandartes de las diferentes cofradías sufís.




Es un espectáculo que te llena el estómago y el pecho de sensaciones difíciles de olvidar, que hoy han vuelto a renacer en mí.




Eduardo no sabe dónde colocarse para ver mejor estas danzas rítmicas, acompañadas por el embriagante sonido de las darbukas, panderos, flautas y los cantos de los hombres.


Mientras estamos los dos aquí, han ido a buscar a las mujeres de la familia.

Nos repartimos en dos coches: en uno, mujeres y niños y, en el otro, los hombres. Ellas, elegantemente vestidas, para asistir al final de la Gran Fiesta, que se celebra en una aldea, cercana, ya en el desierto.

Nosotras buscamos un sitio elevado para poder visualizar mejor lo que acontece. Hay cientos de miles de personas. De repente llegan unos jinetes sobre blancos dromedarios, acompañados por los que portan los estandartes.


Los cantos son frenéticos y las mujeres lanzan al aire su yuyu, como un “ánimo” a los hombres guerreros. Se utiliza en casi todos los actos sociales, culturales y religiosos donde se le permite asistir a la mujer.




Al final, cuando en el horizonte el sol se está ocultando, hacen una oración colectiva, dando gracias a Allah.




Día 16.- Hace mucho calor, pero como el ambiente es muy seco, es soportable.

Nos dirigimos al Vieux Ksar, la ciudad vieja, construida durante el periodo almohade en el siglo XII. Es un auténtico laberinto de callejuelas estrechas y cubiertas, que permiten una climatización natural.

Todas las paredes están pintadas de color ocre-rojo y el sol, cuando se asoma entre las callejas, da una visión casi irreal.






Las calles, la mayoría con arena del cercano desierto, están vacías y nos llevan hasta el palmeral.

Toda la felicidad que llevo en mi interior, se torna en una amarga tristeza ante lo que ven mis ojos: el desierto ha avanzado inexorablemente hacia la ciudad y la mayoría de las palmeras han muerto, están caídas al suelo, los pequeños campos de cultivo -que se refugiaban de los ardientes rayos de sol, bajo las palmeras-, se han secado. El agua, que llegaba hasta aquí a través de un sistema de regadío en forma de peine, ha desaparecido por la carencia de lluvias en el último año y por la abundancia de sal que tiene la poca que llega. El palmeral se está muriendo. Ese oasis de paz, que rodeaba a Timimoun, está agonizando.


Salimos del palmeral en silencio y abatidos ante lo que hemos visto, y regresamos a casa.

Del 17 al 21.- Días en familia con charlas, música, risas y alguna lágrima. Comiendo y cenando en casa de uno u otro de los hermanos.

Durante toda una jornada hicimos el circuito del Gourara. Se trata de un circuito circular de unos 80 Km., que pasa por varias poblaciones oasis al norte y este de Timimoun.


Una de las poblaciones visitadas fue Izgher, la cual posee un ksar en estado ruinoso, con calles muy estrechas y una gran cueva donde se refugian, en verano, para evitar el sofocante calor.

En la ruta también vimos castillos fortificados construidos entre los siglos IX y XII.


Y una de las cosas más asombrosas que hay en esta región son las foggaras: un sistema de canales subterráneos, enterrados al nivel de la capa freática para transportar el agua del subsuelo utilizando el sistema de los vasos comunicantes para hacer circular el agua. La parte visible de este curioso sistema son los puntos de salida del agua al exterior y son utilizados principalmente para suministrar agua a los oasis.


Uno de los días cenamos, con algunos amigos, en las dunas, al resguardo de una palmera. Llegamos antes de la puesta de sol. Ese Sol que, en África, se despierta y acuesta con todo su esplendor y su bellísimo matiz de colores. Y siempre, siempre, el té.






Hemos paseado una y otra vez por la ciudad disfrutando de todos sus olores, deslumbrándonos por sus colores, deambulando sin que nadie nos moleste, y volviéndola a grabar en mi corazón, por si no hubiera otra vez…

Día 22.- Ha llegado el día de la despedida. El momento que no queríamos que llegara, pero hemos de seguir ruta hacia el norte: a Ghardaia.

Mi relato, de estos momentos, ha quedado vacío de palabras.

Mohamed, antes de que salga nuestro autobús, nos acerca hasta el pie de las dunas, más allá del palmeral. Y me despedido de ellas…



Loin déjà et pourtant
si bien ancré dans le coeur,
désert, tu me manques.
Et vous,
gens de là-bas
qu'il est loin votre sourire;
un jour peut être,
dans longtemps,
nos chemins se couperont
à nouveau.

********
Lejos ya, y sin embargo
bien anclado en mi corazón,
desierto, me haces falta.
Y vosotros,
gentes de allí
qué lejos está vuestra sonrisa;
un día quizás,
en mucho tiempo,
nuestros caminos se cruzaran
nuevamente.


(Poema de Jean-Pierre Petit)


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