Anterior: GUATEMALA (I): Antigua, Volcán Pacaya, San Juan del Obispo
Día 23.- A las ocho de la mañana, subimos a un bus público, que nos lleva hasta Panajachel donde embarcamos en una lancha hasta San Marcos de Atitlán, uno de los poblados que hay alrededor del Lago Atitlán.
Varios pueblitos bordean el lago, todos con su embarcadero, ya que la barca es el medio de transporte más útil para ir de un poblado a otro.
Navegamos durante 40 minutos haciendo escala en distintos pueblos, en un entorno rodeado por montañas con exuberante vegetación, hoteles y lujosas casas asomadas al lago, donde las siluetas de tres volcanes: San Pedro, Tolimán y Atitlán se erigen como custodios de este maravilloso lugar.
Una vez llegados a San Marcos buscamos alojamiento. Todos los que están entre el lago y el centro del pueblo son caros. En un poste de luz, mi compañero ve la publicidad de un hostal: Panabaj, situado en la parte alta del pueblo. El precio es módico y el lugar muy, muy sencillo y básico.
San Marcos es un pueblo tranquilo y con poco o nada para ver o hacer. Anteriormente era el lugar preferido por los hippies. En la actualidad aún existe alguna comunidad de hippies, y extranjeros que ofrecen servicios de masajes, medicina alternativa, kinesiología, etc.
El poblado fue destruido por el huracán Stan, en octubre del 2005 y lo han reconstruido de forma anárquica: una casa aquí, otra allá, con techumbres de plancha y paredes sin enyesar y, mucho menos, pintar.
Vamos a comer y cae una buena tormenta durante más de dos horas, lo que hace que nos quedemos en el restaurante, a la espera de que amaine.
Luego paseamos por la orilla del lago hasta anochecer.
Día 24.- Un camino nos lleva hacia las afueras y en la parte alta de San Marcos, donde hay grandes casas construidas por extranjeros, para pasar sus vacaciones. Casi todos tienen una lancha, para desplazarse por el lago.
El aburrimiento es la nota predominante, al menos para nosotros.
Día 25.- En una lancha-taxi vamos a Panajachel.
Hace dos horas que esperamos al bus que ha de llevarnos a Chichicastenango, en el altiplano guatemalteco, perteneciente al departamento de El Quiché. No sabemos, ni estamos seguros, si llegará el bus. Hemos preguntado en una agencia de viajes y nos ofrecen un transfer además de decirnos que no hay bus directo.
Por fin llega el bus.
Durante el trayecto, por una carretera con algún tramo en reconstrucción debido a deslizamientos, contemplamos campos de maíz y verdes y profundos valles abrigados por montañas de increíble belleza.
Por fin llegamos a Chichi, como se le llama familiarmente, donde los jueves y domingos hay mercado al que acuden campesinos de toda la zona para vender sus productos.
El nombre de la ciudad significa “lugar rodeado por las zarzas”, planta conocida popularmente por chichicaste.
Chichicastenango es famosa porque es el lugar dónde se encontró el Popol Vuh , libro religioso maya que narra el origen de la humanidad. Fue traducido del original -escrito en quiché- al castellano por fray Francisco Ximénez.
El 93% de la población, utiliza como idioma materno el Q'eqchí y el 7%, restante, el español. Más del 95% se considera indígena y, de éstos, el 11% practica la espiritualidad maya.
Buscamos alojamiento, dejamos el equipaje en la habitación y salimos a recorrer la ciudad.
La Plaza Central ocupa parte de nuestra visita. Está preparándose para el mercado de mañana, domingo.
Sobre una escalinata, de escalones irregulares, está la Iglesia de Santo Tomás, que data de 1540, a la que acudiremos mañana a primera hora.
Durante la comida conocemos a dos chicas de Barcelona, con las que pasamos el resto de la tarde.
Anochece y pasamos delante de la iglesia, que se encuentra cerrada. En este momento, arriba, en el rellano de la entrada, se está realizando un rito maya, con velas e incensarios con resina de copal.
Los fieles, de rodillas, se desplazan hacia delante y atrás. Los chamanes recitan sus plegarias mientras el humo de los incensarios, que agitan continuamente, envuelve la escena, casi irreal para nuestros ojos.
En el pasado -antes de la conquista por los españoles- el lugar que ahora ocupa la iglesia había sido un templo maya. Durante la época colonial se destruyó, edificándose la actual iglesia. Sólo se dejó intacta la escalinata. Cada uno de los escalones representa los 18 meses de 20 días del calendario maya, el cual rige la vida diaria de los mayas.
Los conquistadores no pudieron despojar, completamente, a los nativos de sus creencias religiosas, por lo que muchos de sus ritos son una mezcla de las dos corrientes religiosas.
Mientras contemplamos lo que acontece frente a la puerta de la iglesia, se nos acerca Don José, guía del INGUAT y nos da una explicación de lo que estamos viendo. Explicación que consideramos de mucho interés por su contenido y que nos anima a contratar sus servicios.
Mañana a las 8 h. nos encontraremos al pie de la escalinata y nos llevará a ver un rito, en el cementerio.
Día 26.- A primera hora de la mañana apreciamos mucha actividad en el mercado.
La escalinata del templo se halla copada de mujeres, ataviadas con la ropa típica multicolor, que venden velitas de colores, pétalos de flores, frutas, y cruces de vistosos colores, que se utilizan para los ritos maya que tienen lugar en el interior de la iglesia.
En lo alto de la escalera y frente a la puerta principal, los fieles se preparan para la ceremonia maya.
Entramos -con las chicas de Barcelona y con el guía- en la iglesia por una puerta lateral, ya que en estos momentos, en el interior, se está celebrando una misa católica y ritos indígenas.
No podemos hacer fotos, está prohibido. Lástima.
Frente al altar, el sacerdote lee las peticiones de oración, que le han hecho llegar los fieles, que están situados en los bancos de la mitad de la iglesia hacia adelante. “Que mejore la economía de una familia”; “Que el trabajo de fulanito sea próspero durante su estancia en EEUU”; “Que mejore de su enfermedad la señora tal”… éstas son algunas de las oraciones que oímos.
En la otra mitad, están sentados los que van a participar en los rituales mayas: en el centro del pasillo, sobre pequeños altares de madera, hay velas y flores, que colocan los chamanes.
Según la petición de sus fieles, encienden velas de un color u otro y alrededor ponen pétalos de flores, y lo rocían con un chorro de aguardiente, del que toman un trago después.
Realmente es fascinante ver a muchos de los indígenas entrando y saliendo de la iglesia, haciendo ofrendas y orando a un dios diferente del que es adorado en el altar principal.
Ha sido un espectáculo que difícilmente olvidaremos.
Salimos de la iglesia y vamos hacia el cementerio, cruzando el mercado. Las vendedoras visten sus trajes tradicionales de gran colorido, tejidos por ellas mismas. Según el diseño indica su lugar de origen.
El mercado parece un gran caos, pero está muy bien organizado: en el centro están los comedores, cubiertos con lonas o plásticos y grandes ollas humean a la vista de todo el que pasa. Más allá están los puestos de frutas y verduras. En otro lado venden pescados secos y ahumados. En primera línea venden máscaras tradicionales de diferentes formas y colores, expuestas simétricamente.
Y, entre todo esto, cerámica, flores, cajas de madera, condimentos, plantas medicinales, velas, cerdos, machetes…
Pero lo que llama más la atención son los tejidos realizados por las mujeres guatemaltecas en telares antiguos, incluso algunos pueden ser prehispánicos.
Entramos en el cementerio. Y lo primero que nos sorprende, es el colorido en el que están pintadas las tumbas y panteones.
El guía nos explica el significado de cada uno de los colores, todos en tonos pastel: blanco, amarillo, verde, azul... según el día de la semana que ha fallecido el primero en utilizar la tumba. (He leído en algún sitio que los colores definen si está enterrado un anciano, padre, madre, hijo o hija; me creo más la información de nuestro guía ya que él es maya).
Alguna de las tumbas o panteones tienen algo pintado en negro: significa que el que está ahí enterrado ha muerto de “un mal trabajo”, tanto de brujo como de curandero.
A los pocos minutos de llegar al cementerio, vemos a un chamán acompañado de la señora que le ha pedido el “trabajo” y nos preparamos para contemplar algo nunca visto por nosotros.
En una pequeña explanada entre tumbas, ya dispuesta para estos rituales, el chamán pone un montoncito de carbón y resina de copal haciendo una montaña circular; encima coloca un puñado de velas de colores y dos limones, y se pone a recitar y gesticular (desde donde nos encontramos, no lo oímos).
Un poco más allá, hay unos pequeños altares y, en uno de ellos, la señora coloca y enciende cuatro velas blancas y, alrededor, pone unas flores amarillas. Se arrodilla allí delante y, supongo, reza.
Cuando el carbón está bien prendido, la señora se levanta de donde está y se arrodilla frente a ese fuego. El chamán sigue gesticulando y, ahora, leyendo un libro: “Vida y milagros de Maximón”. La señora escucha con gran recogimiento.
Estamos sentados en la losa de una tumba, alejados unos cuatro metros, para no molestar. El sol aprieta, pero lo que ven nuestros ojos nos tiene atónitos y no queremos movernos.
Después de un par de horas asistiendo a este rito, decidimos seguir paseando por el camposanto.
Vemos como llegan más personas. Unas, acompañadas del chamán; otras, con el bote de pintura para restaurar la tumba de su familiar: está cercano el dos de noviembre y aquí se celebra con gran alegría y colorido, música, y comidas sobre las tumbas.
En otra parte del cementerio están preparando otro ritual pero, esta vez, sobre el carbón y las velas han puesto galletas.
También vemos en otro rito, que al lado del carbón han puesto dos huevos crudos. Si al calentarse explotan y, yema y clara va hacia adentro, se cumplirá lo que se está pidiendo. Por el contrario, si explota hacia afuera, no se cumplirá.
Más de tres horas hace que estamos en el cementerio cuando el guía nos lleva al Cerro Pascual Abaj, al que llegamos después de 30 minutos de subida por un sendero bastante abrupto.
Este lugar está compuesto por pequeños altares frente a la piedra del sacrificio, consagrada a un dios maya. Si el ritual lo exige, sobre la piedra se sacrifican gallinas.
En el altar principal hay también cuatro cruces, que representan los cuatro puntos cardinales. Se colocaron aquí a raíz del terremoto que asoló Guatemala en 1976, como una representación de unión entre la Iglesia católica con las tradiciones mayas, y para pedir que Guatemala no sufra otro terremoto.
Hubiera sido un buen colofón para esta jornada matutina maya si hubiéramos asistido a un ritual en este cerro.
Ya en el pueblo, entramos en una casa-museo donde tienen un altar para venerar a Maximón.
Nuestra estancia en Chichicastenango ha sido una experiencia mágica.
Son las dos de la tarde. Estamos en la gasolinera desde donde salen los autobuses. Todos ya están ocupados o reservados. Somos unos cuantos los que no tenemos transporte. Al final llaman al propietario de un microbús que nos lleva a Antigua, durante tres horas.
En la agencia Gran Jaguar Tours compramos los billetes para ir mañana hacia Cobán.
Siguiente: GUATEMALA (III): Semuc Champey, Todos los Santos Cuchumatán





























4 comentarios:
Me quedé sorprendida con el tema del cementerio, las tumbas coloridas y los rituales que se estaban llevando adelante en esos momentos. Sorprendente.
Esa iglesia de 1540 sería de las primeras construídas, supongo (aunque quizás suponga mal).
Siempre he odiado que se impongan las creencias y se destruya lo anterior. ¡La cantidad de mezquitas que tendríamos.
Muy interesante me parece que en una iglesia católica coexistan los ritos ancestrales con los importados.
También me descubro ante la "irreverencia" que tienen ante la muerte. Nuestros cementerios son serios, solemnes. La gente habla en voz baja...
Cuando conocí el festejo de los muertos, en México, me quedé alucinando. Aquí, sabes, con los muertos no se juega.
Seguiré leyéndote.
HOLA VIAJEROS SOMOS LAS CHICAS DE BARCELONA QUE NOS CONOCIMOS EN CHICHI,ME HA ENCANTADO TU BLOG,LEERLO ES VOLVER A REVIVIR,LA EXPERIENCIA INOLVIDABLE QUE VIVIMOS EN CHICHI.HASTA PRONTO.MARISOL
Hola Marisol...
Qué sorpresa tan grata me has dado!!
Me alegra saber que recordáis ese intenso día en Chichi; para nosotros fue la "culminación" del viaje a Guatemala.
Seguimos en contacto!
Publicar un comentario en la entrada